jueves, 6 de enero de 2011

This is Rocksteady!



Hijo del ska, precursor del reggae, el origen del rocksteady (¿posible pareado?) está revestido de leyenda. Cuentan las crónicas que el verano de 1966 se presentó en Jamaica envuelto en una ola de calor inaguantable, lo que afectó considerablemente a la modorra general y al rendimiento de los músicos que poblaban los escenarios de Kingston. Algunos de ellos, habituados al ritmo frenético del ska, no pudieron adaptarse a las circunstancias y ralentizaron sus canciones de cara a las actuaciones en directo. Ante su sorpresa, el éxito fue inmediato, y la lentitud que imprimían a sus temas dio lugar a una especie de sonido "soul" tamizado por la musicalidad jamaicana. Era el rocksteady.

Pronto, el nuevo estilo fue adquiriendo sus peculiaridades. A saber: grupos de tres o cuatro solistas de voces melodiosas, protagonismo del bajo eléctrico, golpes en el tercer tiempo de cada compás ("one drop") y ritmos lentos y constantes. Dadas las circunstancias -Jamaica había conseguido su independencia en 1962-, la temática de sus letras lo diferenció ostensiblemente de su precursor. Hecha la revolución, conseguido el objetivo, la política dejó de ser prioritaria, y la exaltación patriótica y/o racial dio paso a temas más "mundanos": la inquietud sentimental de los chicos jamaicanos o la problemática de una nueva generación de jóvenes (los rude boys) inadaptados a la nueva realidad que les ofrecía el país. Ellos, un auténtico lugar común de la música jamaicana y de las tribus urbanas derivadas de ellas, se caracterizaban por su afición a atracar comercios y turistas y fumar "ganja"

Fue en este contexto en el que se auparon al estrellato nombres como los Jamaicans, The Silvertones y, sobre todo, Alton Ellis, uno de esos tipos -como Weller y tantos otros- capaces de resumir en sí mismos la estética y el simbolismo de todo un movimiento musical. Tal fue la identificación, que al declive del género -aniquilado por el empuje de la cultura rastafari- estuvo unido el del cantante, que dedicó los últimos treinta años de su vida a la gestión de la tienda de discos que regentaba en Londres. Injusto final para uno de los grandes "frontmen" jamaicanos.

Como, mal que le pese a Teddy Bautista -jefe, no jodamos-, la comparación entre la industria discográfica española y la foránea no ha, afortunadamente, lugar, Trojan Records ha recopilado en tres CD´s lo más granado del género debidamente remasterizado, reeditado y recontextualizado. Y todo por 16$ -lo que viene costando en España lo último de Dani Martín- o un rato de búsqueda en la red no demasiado esforzado.


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