miércoles, 12 de enero de 2011

Enric González: Historias de cualquier parte.



Durante dos décadas, Enric González ha sido la voz de el diario El País -y los ojos de sus lectores- en lugares tan dispares como Irak, Roma, Nueva York o Jerusalem. Ante él han desfilado la barbarie de la guerra, los desmanes de los políticos corruptos, la vida caótica en las "capitales del mundo" y el día a día en un lugar cualquiera, esperando que suene el teléfono con la indicación de un destino distinto, de un nuevo lugar al que ir, ver y contar. Puro periodismo.

El resultado narrativo de esa acumulación ingente de vivencias han sido un puñado de libros pequeños, asequibles y tremendamente nostálgicos, con el denominador común de un nombre que definiría al titulador más vago del mundo. En sus "Historias de...", Enric González nos habla de política, de fútbol, de urbanismo y de lo divino y lo humano con la cotidianeidad de quien vivió sin intermediarios aquello que nos cuenta.

Mitad crónica, mitad autobiografía, en estos pequeños libros podemos encontrar historias tan dispares como la de Attilio Romero, un joven -y fatal- aficionado del Torino que atropelló, asesinándolo, a Gigi Meroni, la estrella de su equipo, en el momento culmen de su carrera. Y que volvería a escena muchos años después, para presidir el club, conocer el triunfo y llevarlo finalmente a la quiebra. O nos hablará de las cervezas que pueden encontrarse en un pub cualquiera de Londres, : lager, ales, strong lager, bitter. O de la ineficacia del servicio postal italiano, o de la nefasta sanidad británica, o del intento de asalto del fascista Oswald Mosley a un símbolo del lumpenproletariado -el londinense East End- en 1936, con el resultado de 100.000 manifestantes en la contraofensiva ciudadana y la retirada de tres mil "camisas negras", huyendo despavoridos entre las proclamas del lema "They shall not pass!".

Corresponsal y columnista genial, la libertad expresiva de González y su compromiso con la sinceridad acabaron por jugarle una mala pasada. Ocurrió en 2009, cuando una de sus columnas -ésta concretamente- fue censurada por la dirección de SU periódico. En tiempos de recortes salariales, no resultaba rentable mencionar la descontrolada paranoia bursátil de los propietarios. Ya se sabe: escriba y calle.

Pero como la estupidez no siempre es recompensada, parece que en este caso no ganó tanto el verdugo como el ajusticiado. Porque cuando la directiva del periódico de PRISA envió a González a la corresponsalía de la ciudad israelita -puesto que ocupa actualmente-, no sólo perdió a un columnista genial, sino que provocó la aparición de uno de los blogs más lúcidos acerca del conflicto de Oriente Medio. Tras él, como siempre, la mirada limpia, intencionadamente objetiva y certera de quien, acerca de lo fácil que resulta incubar la estupidez, escribió:

"Cuando, para nosotros, los buenos sean siempre los mismos y lo hagan siempre bien, y los malos sean siempre lo mismos y lo hagan siempre mal; cuando nos moleste la duda; cuando seamos incapaces de percibir nuestra propia ignorancia; cuando nuestro mecanismo mental se limite a conjugar el "yo", el "nosotros" y el "ellos", lo habremos conseguido. Basta con ponerse a ello. Vocación no nos falta"




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El ejemplo del Koala

Lecturalia

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