domingo, 16 de enero de 2011

Rock español: poesía e imagen.


No parece casualidad. Situada en los márgenes de la historia de unas cuantas generaciones literarias y siempre a la búsqueda de temáticas "extracanónicas", es cuanto menos logico que sea precisamente la revista malagueña "Litoral" la encargada de editar uno de los compendios más eruditos y eclécticos acerca del nacimiento, la genésis y las características del rock en castellano.


La publicación, nacida hace más de ochenta años por iniciativa de Emilio Prados y Manuel Altolaguirre -dos de los escritores fundamentales, y más frecuentemente olvidados, de la generación del 27-, nos "regala" en este número monográfico más de 350 páginas dedicadas a la particular historia de los yeyé, los punks, los mods, los indies y toda esa fauna "patria" extrañamente congregada en torno a una etiqueta común. Y lo hace a través de una nómina de firmantes que merece mención aparte.


Vean. El roteño Felipe Bénitez Reyes a propósito de los "infaltables" Sabina y Miguel Ríos; Luis Alberto de Cuenca acerca de la cómplice relación que encuentran en su cabeza los riffs de guitarra y los versos libres; Antonio Luque (vulgo Sr. Chinarro) en plan nostálgico y si me apuran innecesariamente memorialístico; José Ignacio Lapido al quite de la eterna y desigual pelea con el folio en blanco, y sobresaliendo por encima de todos, un magistral Santiago Auserón, que firma todo un tratado acerca de la conflictiva relación entre el verso y la música. De fondo, todo lo acontecido entre Los Sírex y esa extraña y personalmente poco apreciada tendencia "western" que ha encumbrando, por ejemplo, a los sevillanos Pony Bravo. Una trayecto singular, sin duda.

Es ésta una historia que comienza con los conciertos matutinos en el madrileño Circo Price y que encuentra pronto muchísimas y afortunadas variantes. El rock progresivo catalán -Pau Riba y Sisa-; el rock andaluz; las crónicas de extrarradio de Burning y Leño -versión mesetaria- o La Banda Trapera del Río -en las lindes entre Cornellá y Barcelona-; el rock radical vasco, el histrionismo ochentero de Glutamato Ye-Ye y Mcnamara, todo el arco indie desde Australian Blonde a Vetusta Morla o el canalleo punkarra de Lendakaris Muertos o Def Kon Dos.

Por si esto les pareciera poco, hay tiempo también para detenerse en el nacimiento del insondable Omega o entablar interesantes debates entre los partidarios de la supremacía del inglés (con sus afortunados monosílabos) o los defensores del castellano (con todo su arsenal de palabras llanas). Y para rematar, un respaso a la utilización de la imagen en el rock estatal -con fotografías de Ouka Leele o esbozos del mismísimo Picasso- y una amplísima colección de letras que oscilan entre el "me he clavado un imperdible" de Leño y la edulcorada melancolía de Deluxe.
Cuarenta años de literatura y melodías al servicio de esos hijos del rock´n roll que serán por siempre bienvenidos.


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