lunes, 16 de agosto de 2010

Noche Blanca de la Cultura 2010 (De Sol a Sol)




Mientras las nubes presagiaban una puesta de sol frustrada, miles de gaditanos y visitantes comenzaban a arremolinarse en la entrada del Castillo de San Catalina. Lo hacían para dar salida a la segunda edición de la Noche Blanca de la Cultura, que contaba con una más que considerable aceptación popular después del exitoso estreno del año pasado. De sol a sol, de punta a punta, desde el anochecer hasta el alba, Cádiz volvió a ser tomada por compañías de teatro, grupos de música étnica, tocaores flamencos, pintores, poetas, bailarines, acróbatas y, sobre todo, por un público entusiasta que quiso participar del segundo ensayo general de una ciudad deseosa de reivindicar su papel de epicentro cultural. Una vez más, una única vez en todo el año, la capital gaditana volvió a hervir en una noche larga e inolvidable, en una muestra más del interés que despiertan las actividades programadas con cabeza y mimo. Serán algunos de esos actos -y otros paralelos- los protagonistas de nuestro artículo.



Puestas de Sol (Castillo de Santa Catalina)


No pudo ser, pero fue. A falta de una amanecer de arreboles, y ante la presencia ingrata de las nubes, las espectaculares vistas de La Caleta no lo fueron tanto (si es que esto posible), y el acto que suponía la inauguración de la gran noche cultural gaditana quedó un tanto deslucido. A pesar de ello, y gracias al buen hacer a los platos de Dj Kultur Ambient (con una combinación perfecta de pop atmosférico y reggae) y de la animosidad y perfección en el baile de David Nieto (ganador del reciente concurso nacional de baile por alegrías de La Perla), el pistoletazo de salida que se disparó desde el Castillo de Santa Catalina convenció, y mucho, a las cerca de quinientas personas que gozaron con sus ojos, se volvieron frenéticas con sus pies y se deleitaron con sus oídos en un paisaje privilegiado que anticipaba todo lo bueno, y fue mucho, que estaba por venir.





Cecilio Chaves

Con la geometría como bandera, con los cuadrados que conforman las fachas gaditanas como punto de partida, Cecilio Chaves ha dibujado su propia visión de Cádiz, teñida de la cal de sus fachadas y el azul intenso de su cielo. Si como dijo Alejandro Dumas, Cádiz debe visitarse mirando al cielo, la colección C2 es un intento admirable de captar esa luz que levanta las cabezas y ciega los ojos. A través de un trabajo multidisciplinar, que se sirve de los lienzos, los trípticos o las cajas de luz, la ciudad queda esbozada en un retrato certero que ocupa, más que merecidamente, uno de las salas expositivas del Castillo de Santa Catalina.







Makú

Generalmente, los hermanamientos entre ciudades parecen depender de un criterio político arbitrario y cuanto menos discutible. En otros, sin embargo, las causas parecen evidentes. Tras vistar la exposición del artista colombiano Maku, expuesta igualmente en Santa Catalina, el visitante comprende el por qué de la necesidad de establecer vínculos permanentes entre Cartagena de Indias y Cádiz. Murallas, mar, bahía, colores y carnaval; rasgos que nos identifican como realidades distantes pero definitivamente hermanadas. De esa tierra lejana pero familiar nos habla "Cartagena de Indias, patrimonio histórico del mundo", un recorrido colorido y naïf por la geografía, las tradiciones, los habitantes y el alma de Cartagena, una de las perlas monumentales y paisajísticas de Hispanoamérica. Alegres, detallistas hasta el extremo y rezumantes de amor por una tierra mágica, las obras de Makú son de visita obligada para quienes quieran sumergirse, aunque sea por un momento, en las tierras mágicas del otro lado del óceano.




Dos orillas Esemble

También del otro lado, aunque esta vez con la mirada hacia el sur, surge la conexión mágica que dio lugar al que fue, en la modesta opinión de quien suscribe, el acto estelar de la II Noche Blanca. Combinando los sones hipnóticos del cimbalión con la sensualidad punzante de la guitarra, fusionando la voz profunda y honda de la canción árabe con el quejío furioso del flamenco y buscando, al fin, el abrazo en mitad de las aguas revueltas, el combinado de artistas que se dio cita en la playa de la Caleta dejó un gratísimo sabor de boca en un público que, participativo y atento, se dejó llevar por una atmosfera mágica de luces tenues y voces rotundas. Con la representación gaditana encarnada por Samara Montáñez (al cante), El Niño de la Leo (al toque) y la participación en el fin de fiesta de Lydia Cabello, el matrimonio flamenco- magrebí dio un resultado excelente, versión de La Tarara incluida.


Todo ello para completar una actuación mágica que junto con la representación de la obra Cyrano por parte de Teatro Satarino (ya reseñada en este blog), supuso el punto más alto de una noche en que el arte supo lidiar con el calor y el levante,y en el que los gaditanos, al fin, disfrutaron de una propuesta cultural rica, accesible y gratuita.

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