lunes, 27 de septiembre de 2010

Nick Hornby



A Nick Hornby podría catalogársele como un tipo normal. Lejos de la impostura barata y superflua de quienes no tienen nada que decir, este acérrimo hincha del Arsenal tiene en la cotidianeidad su objetivo, y en las historias de la gente de a pie, su inspiración. Londinense, melómano convencido y famoso por obras como Alta Fidelidad –llevada al cine por John Cusack y Stephen Fears-, su literatura anda a medio camino entre el realismo y la sentimentalidad, rozando con los dedos la confirmación de que las grandes historias son aquellas que suceden a quienes no son oficialmente grandes.

Vendedores de discos sentimentalmente fracasados, matrimonios burgueses en pleno desencanto, suicidas de todo pelaje que coinciden justo antes de saltar al vacío, gurús de la new wave postmoderna e incluso el propio Hornby ataviado con los colores rojo y blanco del equipo de su alma, son algunos de los personajes que conforman el universo particular de uno de los mejores retratistas de la insatisfacción, de la desesperanza habitual de quienes forman parte de la masa, de aquellos que tienen vetados los flashes y la alfombra roja de la popularidad.

En plena actualidad por su incursión como letrista en colaboración con el músico Ben Folds, su nombre forma parte de la nómina de los autores imprescindibles, de quienes, lejos de la historias supraterrenales, apostaron por considerar a la literatura un reflejo mágico pero real de la misma vida. Un ejercicio de mímesis privilegiada por parte de quienes supieron entender que las mejores historias esperan a la vuelta de la esquina.

+ Info:

http://es.wikipedia.org/wiki/Nick_Hornby

http://www.barcelonareview.com/30/s_nh_ent.htm

jueves, 9 de septiembre de 2010

Zuidplein Theater: Cuando Babel toma la escena.


Mientras media Europa padece el auge de la extrema derecha, el asentamiento de la intolerancia cultural y el pavor a una globalización que es ya imparable, Rotterdam hace del mestizaje su bandera. Con un 48% de población no nativa, y gobernada por el inmigrante marroquí Ahmed Aboutaleb, la ciudad se mueve y crece en torno a la idea del respeto, de que la diferencia jamás puede ser algo negativo. Considerando que hablamos de la segunda ciudad en importancia del país y vértice de un área metropolitana de 2,82 millones de habitantes, sus logros en el terreno de la interculturalidad no parecen cualquier cosa. Hoy, Rotterdam es un lugar próspero, seguro, donde el otro no es el contrario, sino el complemento.

En este contexto de ciudad abierta y participativa, la CULTURA, escrita con mayúsculas, no podía constreñirse en el canon, no podía plegarse sobre sí misma y negar una realidad que inevitablemente la empapa y condiciona. Y no lo hizo. Con 1998 como punto de partida, la trayectoria del teatro Zuidplein es sin duda el ejemplo más llamativo de este “laissez faire” respetuoso, del abrir las puertas al que llega sin preguntarle “de dónde”.

El Zuidplein, uno de los grandes centros escénicos de la ciudad, adoptó en aquel entonces una decisión que lo significa y caracteriza: la de dejar en manos del pueblo, y de los representantes de sus grupos étnicos, la programación del teatro. Relegando a los programadores al papel de meros asesores, la primera palabra pertenece a un grupo de ciudadanos voluntarios que conforman la programación después de recibir -de forma gratuita- la formación conveniente. Samoanos, jamaicanos, surimaneses, asiáticos, gitanos o ucranianos se unen entonces en un comité plural, democrático y rotatorio que llega a incluso a idear espectáculos de producción propia. Mediante este procedimiento único en Europa, el Zuidplein ha visto incrementado su índice de asistencia hasta convertirse en uno de los teatros con mayor índice de asistencia de toda Holanda.

Todo ello para confirmar que la utopía del mestizaje, la verdad de la tolerancia y la riqueza de la diversidad son algo más que etiquetas manidas de propaganda barata, que se puede y se debe confiar en ellas como productos que enriquecen, como un patrimonio en forma de escudo contra la sinrazón de quien ve en su tierra la única tierra, y en su gente, la única gente.

Cuando Babel toma la escena, los espectadores aplauden, y el mundo, y su teatro, parecen un poco mejores.

+INFO:

http://www.theaterzuidplein.nl
http://www.rotterdam.info

martes, 31 de agosto de 2010

Alcances 2010




La Muestra Cinematográfica del Atlántico, vulgo Alcances, es el resultado de un sueño, la confirmación de una quimera. En un Cádiz en blanco y negro, anquilosado en el retraso cateto y endémico de la dictadura, el chiclanero y gaditanísimo Fernando Quiñones concibió una idea, un proyecto descabellado al que puso un nombre cuanto menos significativo, un título que sugería acercamiento, proximidad, llegada. Y es que era de eso de lo que se trataba. Alcances, ideada en su origen como una muestra artística multidisplicinar, era un intento de acercar a Cádiz expresiones culturales que le quedaban muy lejos, ya fuera por el muro atroz y pétreo del franquismo o por la propia condición periférica de la ciudad.

Perseguido por los censores, y hostigado por los franquistas, el festival cultural gaditano por antonomasia resistió tras las barajas echadas, se publicitó gracias al boca a boca, y sobrevivió, al fin, bajo las luces tenues y silenciosas de la clandestinidad. Luego, ya en tiempos de democracia, se especializó en el cine, en ese septimo arte que acabó por darle su forma definitiva. La cultura, de nuevo, había superado los obstáculos de la represión, y se ofertaba a la ciudad en forma de un festival consolidado e inquieto.

Sin embargo, el tiempo -y la lógica- quisieron poner las cosas en su sitio, y la competencia de otros festivales de cine de ciudades cercanas -Huelva, Sevilla y Málaga, principalmente- relegó a Alcances a un lugar residual, casi anecdótico, que no hacía justicia al esfuerzo de su creador y de quienes habían aportado su grano de arena para que esta pequeña utopía se convirtiera en realidad. Con la muerte de Fernando Quiñones y la continuidad de este progreso de decadencia, el festival tuvo que reiventarse, buscando formas alternativas de expresión que no supusieran una renuncia a su propia esencia.

Y en ese punto nos encontramos. Hoy, Alcances es un lugar de referencia para el género documental y una cita emergente para el mundo del corto. En la cita del 2010, como cada año, la organización pone a disposición de un público cada vez más numeroso y fiel,un considerable número de documentales, agrupados en categorías que oscilan entre la música y el arte , entre la política y la realidad latinoamericana, sin olvidar, por supuesto, a creadores gaditanos como Alejandro Domínguez u Oliva Acosta.. Pero como nunca es suficiente, la cita se complementa con conciertos -flamenco, swing, folk o música clásica-, exposiciones pictóricas o mesas redondas, que contribuyen a dar más fuerza si cabe a una cita obligada para los amantes de la cultura, para quienes quieran disfrutar de una propuesta asequible que confirma que esta ciudad, al fin, alcanzó lo que buscaba: una puerta para expresarse, otro puente más para abrirse al mundo.

+INFO:

http://www.alcances.org

http://www.tertuliaandaluza.com/cultura/cine/muestra-cinematografica-del-atlantico/




lunes, 16 de agosto de 2010

Noche Blanca de la Cultura 2010 (De Sol a Sol)




Mientras las nubes presagiaban una puesta de sol frustrada, miles de gaditanos y visitantes comenzaban a arremolinarse en la entrada del Castillo de San Catalina. Lo hacían para dar salida a la segunda edición de la Noche Blanca de la Cultura, que contaba con una más que considerable aceptación popular después del exitoso estreno del año pasado. De sol a sol, de punta a punta, desde el anochecer hasta el alba, Cádiz volvió a ser tomada por compañías de teatro, grupos de música étnica, tocaores flamencos, pintores, poetas, bailarines, acróbatas y, sobre todo, por un público entusiasta que quiso participar del segundo ensayo general de una ciudad deseosa de reivindicar su papel de epicentro cultural. Una vez más, una única vez en todo el año, la capital gaditana volvió a hervir en una noche larga e inolvidable, en una muestra más del interés que despiertan las actividades programadas con cabeza y mimo. Serán algunos de esos actos -y otros paralelos- los protagonistas de nuestro artículo.



Puestas de Sol (Castillo de Santa Catalina)


No pudo ser, pero fue. A falta de una amanecer de arreboles, y ante la presencia ingrata de las nubes, las espectaculares vistas de La Caleta no lo fueron tanto (si es que esto posible), y el acto que suponía la inauguración de la gran noche cultural gaditana quedó un tanto deslucido. A pesar de ello, y gracias al buen hacer a los platos de Dj Kultur Ambient (con una combinación perfecta de pop atmosférico y reggae) y de la animosidad y perfección en el baile de David Nieto (ganador del reciente concurso nacional de baile por alegrías de La Perla), el pistoletazo de salida que se disparó desde el Castillo de Santa Catalina convenció, y mucho, a las cerca de quinientas personas que gozaron con sus ojos, se volvieron frenéticas con sus pies y se deleitaron con sus oídos en un paisaje privilegiado que anticipaba todo lo bueno, y fue mucho, que estaba por venir.





Cecilio Chaves

Con la geometría como bandera, con los cuadrados que conforman las fachas gaditanas como punto de partida, Cecilio Chaves ha dibujado su propia visión de Cádiz, teñida de la cal de sus fachadas y el azul intenso de su cielo. Si como dijo Alejandro Dumas, Cádiz debe visitarse mirando al cielo, la colección C2 es un intento admirable de captar esa luz que levanta las cabezas y ciega los ojos. A través de un trabajo multidisciplinar, que se sirve de los lienzos, los trípticos o las cajas de luz, la ciudad queda esbozada en un retrato certero que ocupa, más que merecidamente, uno de las salas expositivas del Castillo de Santa Catalina.







Makú

Generalmente, los hermanamientos entre ciudades parecen depender de un criterio político arbitrario y cuanto menos discutible. En otros, sin embargo, las causas parecen evidentes. Tras vistar la exposición del artista colombiano Maku, expuesta igualmente en Santa Catalina, el visitante comprende el por qué de la necesidad de establecer vínculos permanentes entre Cartagena de Indias y Cádiz. Murallas, mar, bahía, colores y carnaval; rasgos que nos identifican como realidades distantes pero definitivamente hermanadas. De esa tierra lejana pero familiar nos habla "Cartagena de Indias, patrimonio histórico del mundo", un recorrido colorido y naïf por la geografía, las tradiciones, los habitantes y el alma de Cartagena, una de las perlas monumentales y paisajísticas de Hispanoamérica. Alegres, detallistas hasta el extremo y rezumantes de amor por una tierra mágica, las obras de Makú son de visita obligada para quienes quieran sumergirse, aunque sea por un momento, en las tierras mágicas del otro lado del óceano.




Dos orillas Esemble

También del otro lado, aunque esta vez con la mirada hacia el sur, surge la conexión mágica que dio lugar al que fue, en la modesta opinión de quien suscribe, el acto estelar de la II Noche Blanca. Combinando los sones hipnóticos del cimbalión con la sensualidad punzante de la guitarra, fusionando la voz profunda y honda de la canción árabe con el quejío furioso del flamenco y buscando, al fin, el abrazo en mitad de las aguas revueltas, el combinado de artistas que se dio cita en la playa de la Caleta dejó un gratísimo sabor de boca en un público que, participativo y atento, se dejó llevar por una atmosfera mágica de luces tenues y voces rotundas. Con la representación gaditana encarnada por Samara Montáñez (al cante), El Niño de la Leo (al toque) y la participación en el fin de fiesta de Lydia Cabello, el matrimonio flamenco- magrebí dio un resultado excelente, versión de La Tarara incluida.


Todo ello para completar una actuación mágica que junto con la representación de la obra Cyrano por parte de Teatro Satarino (ya reseñada en este blog), supuso el punto más alto de una noche en que el arte supo lidiar con el calor y el levante,y en el que los gaditanos, al fin, disfrutaron de una propuesta cultural rica, accesible y gratuita.

martes, 10 de agosto de 2010

Teatro Satarino: Cyrano, Fulano y Mengano.


En el reflejo de la vida que es el teatro la verdad gusta de aparecer desnuda. Aquellos que la enmascaran con escenografías imposibles, efectos extraordinarios y cualquier otro maquillaje artificial, se ven delatados como contadores de historias que, para su desgracia, no tienen nada que contar. Es por ello que antes de hacer cualquier otra valoración, conviene destacar la apariencia franca con la que se presentan sobre las tablas los integrantes de Teatro Satarino, compañía gaditana conocida -y reconocida- por montajes como La Gran Final o El nombre de la cosa. Ellos, como decimos, huyen de la artificiosidad barata apostando por impresionar al público con el mejor de los ardides: la abudancia de argumentos y la calidad de un texto tocado por la varita de la genialidad.
En Cyrano, representada en el Colegio San José de San Fernando, la "poquedad" escénica es una cualidad más que elogiable; ya sea por todo lo que esconde de sinceridad o por el aprovechamiento genial que la compañía hace de su escenario.


Y es que Cyrano, basada en la película dirigida por Rappeneau y protagonizada por Gerard Depardieu, es una obra para disfrutar con los oídos, deleitándose con el verbo afilado y puntiguado que toca al espectador como un florín afilado, venga éste en forma de impecable balada o de guasa inteligente.
Cabe también servirse de los ojos, para contemplar ese baile de identidades en el que los personajes caen como fichas de un tablero, brillando los actores como teclas coloridas y circulando entre las bambalinas y las tablas el ir y venir de la genialidad, alegre e hipnotizante como un molinillo.
O quizá darle también trabajo al paladar para degustar un teatro impregnado del sabor del sainete y la chuflilla, del magisterio antiguo de quienes entienden el humor como prolongación natural de las neuronas, como arma definitiva para dar trasfondo y hondura a lo que sucede en escena.

Con tales argumentos, aderezándolos con una declamación casi perfecta y la genialidad de sus improvisaciones, Teatro Satarino desgrana las andanzas del infeliz Cyrano, poeta genial, caballero malencarado y víctima de esas apariencias que tanto engañan, aunque en el caso de Satarino, éstas fueran francas. Todas las cualidades conocidas de la compañía y todos las buenas referencias sobre ésta se vieron confirmadas en una representación que dejó al público la sensación del "querer más", y a quien suscribe, muchas ganas de seguir los pasos de un grupo de teatro heredero de la cosmogonía de su tierra y dotado, como el cadete gascón, con el don de darle brillo a la palabra.

martes, 3 de agosto de 2010



Cartier-Bresson: la sincronía del instante



Para Henri Cartier Bresson, el instante era aquel momento en el que se alineaban, en mágica comunión, "la cabeza, el ojo y el corazón". Durante toda su vida, la búsqueda de ese instante decisivo, de esa parte del presente que merece ser conservada, fue una obsesión constante. Nacido hace poco más de cien años (22/08/1908) y fallecido hace seis, su vida contiene visos de aventurero, de artista romántico que recorrie el mundo para acabar erigiéndose como uno de los mitos fundamentales de la fotografía. Desde que en 1932 adquiriera su cámara Leica, el devenir de Cartier-Bresson no fue otro que el de deambular buscando siempre nuevas respuestas, defendiendo el carpe diem de la belleza, el momento único que pude cambiar el mundo para siempre.

Por y para ello, escenarios como Andalucía, China, India o Estados Unidos fueron testigos de la búsqueda incesante de un hombre que supo comprometerse a través de la belleza. Un compromiso derivado, quizá, de su detención, durante treinta y cinco largos meses, a manos de los nazis. A su vuelta, y antes de exiliarse definitivamente en Estados Unidos, l´enfant magnifique de la fotografía mundial retrató la alegría de la liberación, el escenario feliz de un París post-bárbaro en el que, afortunadamente, sí volvió a crecer la hierba.

Con sus fotografías en blanco y negro, calmadas, eternas, en las casi puede leerse el silencio, Cartier Bresson dejó la herencia magnífica de la memoria, conservando nuestro pasado y alimentando nuestro futuro.
Y todo ello con la humilde simplicidad de quien siendo preguntando por sus hábitos diarios respondió:

"¿Qué cree que hago? Simplemente miro.





+INFO:

Fundación Cartier Bresson

Cartier Bresson en el MoMa

Exposición en Cádiz



sábado, 31 de julio de 2010

Neuer Deutscher Film, toma II: Y Alemania reinventó su cine



En 1927, Fritz Lang aupó a la mítica UFA (Universum Film AG) a niveles artísticos hasta entonces insospechados. La productora, a quien ya se debían películas del calibre de El gabinete del doctor Caligari alcanzó con Metropolis un prestigio que encumbró a Alemania a los altares del cine mundial. Onírica, inteligente y adornada con una fotografía impecable, esta distopía futurista abrió la senda de la ciencia ficción, reafirmando al país germano en el lugar cinematográfico que ya siempre le correspondería: el de la más innovadora vanguardia.

Incluso en la negrura avasalladora del nazismo -éxodo inclusive de Dietrich, Wilder y Lang-, el séptimo arte encontró su rayo de luz, encarnado esta vez en la persona de Leni Rienfestahl, la directora del eterno abucheo ideológico y de la perenne ovación artística. Con Olympia, un documental de rasgos épicos que reflejó como ningún otro la belleza plástica del deporte, parecía cumplirse otra vez la máxima de que calidad y cine alemán eran dos conceptos ligados, las partes indisolubles de un silogismo que la historia se ocupaba de confirmar. Desde entonces hasta ahora, nombres como Win Wenders o Werner Herzog marcaron una línea de continuidad que llega hasta nuestros días, en los que la pantalla sirve como medio de expresión para un país que no deja de psicoanalizarse.


De entre todas las obras recientes de la industria alemana, cabe destacar por su simbolismo a El Hundimiento (Der Untergang), el más arriesgado retrato de los últimos días de Hitler, el más valiente acercamiento a la figura del gran tabú colectivo de Alemania. Gris como el mismo nazismo, asfixiante y angustiosa, la película protagonizada por Bruno Ganz recibió el aplauso unánime de la crítica y de un pueblo que se enfrentaba por fin a los fantasmas de su nefasto pasado.

En la misma línea autocrítca y reflexiva se presentaba La Ola (Die Welle), de Dennis Gansel. Si en El Hundimiento los fantasmas se disfrazaban de pasado, en este éxito de taquilla cobraron apariencia de amenazante condicional. Y es que la conclusión es lógica: basta con pequeñas dosis de fanatismo, de gregarismo irracional y de enemigos comunes para que la llama pueda prender de inmediato. Una llama de intolerencia, fanatismo, traiciones y alienación, como si la sociedad entera se prestara vigilar, uniformándola, La Vida de los Otros (Das Leben der Anderen).
Y para acabar de reflexionar acerca del pasado político, nada mejor que una escapada en clave de humor, que una mirada tragicómica a la añoranza de un país que ya no es. Good Bye Lenin!, de Wolfgang Becker, cierra el círculo con su humor amargo y su pregunta de fondo: ¿hasta qué punto puede la política erigirse en el problema central del ser humano? Observando la corriente del nuevo cine alemán, no podemos dejar de considerarla una pregunta retórica...

Sea como fuere, mientras Alemania depura responsabilidades, lame sus heridas y airea sus sombras dándoles luz, los espectadores nos regocijamos con la genialidad de sus propuestas, agrandando la extensa lista de nombres -Daniel Brühl, Francka Potente, etc- a los que merece la pena seguir la pista. Talentos para continuar, con nuevos aires, una historia cinematográfica inigualable.

Danke Schön, Deustchland!

martes, 27 de julio de 2010

Ucronías: El condicional hecho presente (I)



Dicen que el destino lo deciden los pequeños detalles. En la eterna bifurcación entre lo que pasó y lo que pudo haber pasado se decide el devenir del tiempo, como si al final todo dependiera de una elección caprichosa, de un encuentro casual, de una decisión desacertada o de cualquier otra pequeña eventualidad. Siendo esto así, siempre cabe preguntarse ¿qué habría pasado si...?, la eterna duda de ese heterogéneo club que componen, en franca solidaridad, los melancólicos, los curiosos y los insatisfechos.



En este ejercicio de especulación destaca la ucronía, una suerte de género literario dedicado a la hipótesis a posteriori. Esta corriente, a medio camino entre el arte y la historia, entre la fantasía y la realidad, tiene cada día más adeptos. De la posibilidad hecha verdad, y de algunos de sus productos artísticos, hablaremos en este artículo.


¿Qué habría pasado si José Antonio Primo de Rivera hubiera sobrevivido a la Guerra Civil? ¿Cómo sería una Europa post-bélica rendida al ideario y control del Tercer-Reich? ¿Y si fuera Cataluña el germen de España y Castilla un bastión secesionista? Ésta y otras preguntas intenta resolver Franco: una historia alternativa a través de los relatos breves de algunos de los nombres imprescindibles de la literatura fantástica española, como el gaditano Rafael Marín. Reunidos en torno al eje temático de la españa pre y post franquista, los relatos configuran un universo afortunadamente perdido pero anteriormente posible, repleto de hornos crematorios, regímenes fascistas y la infamia erigida como doctrina universal.


Premiado con el Nadal en 1980, la obra de Cristobal Zaragoza narra la reiteración temporal de Marcos, Melania, Adolfo y Celia, un grupo de personajes que atravesarán la historia modificándola irremediablemente. Conviviendo con Marcial, con Voltaire o con Benjamin Franklin, participarán de la alteración histórica. ¿Preparados para ver vehículos de vapor circulando por la Roma Imperial?


Una mañana despiertas, y la mujer que amanece recostada a tu lado no es aquella con la que te casaste. Y sin embargo, sigues siendo un hombre perfectamente fiel. Salir de la habitación y recibir el entusiasta saludo de dos pequeños desconocidos no ayuda a mejorar la situación. ¿Qué ha pasado con tu vida? Éste es el punto de partida de Las vidas posibles de Mr. Nobody, el último trabajo del director Jaco Van Dormael, que cuenta con el siempre genial Jared Leto como rostro de la estupefacción y del desasosiego, de la angustia de ser el último hombre mortal de la tierra y viajar a saltos en el tiempo entre lo que fue y lo que pudo haber sido. Dispersa, frenética y genial, la epopeya de Mr. Nobody vuelve a situarnos delante de la encrucijada, invitándonos a pensar que cualquier pequeña decisión marcará nuestro destino para siempre.

domingo, 25 de julio de 2010

Gracias



Inesperada e inmerecidamente, el portal Tertulia Andaluza ha premiado a este blog incluyéndolo en un top 5 de blogs andaluces, algo que supone un grandísimo orgullo; por quienes no llegaron -personalidades de la política, la música o el periodismo- y sobre todo por quienes lo hicieron. Honrado de estar en la lista y particularmente orgulloso de ocuparla junto a dos gaditanos geniales -Frasco y Enrique Alcina- vaya desde aquí mi agradecimiento a quienes apoyaron a este blog y le dieron la oportunidad a quien suscribe de sentirse satisfecho. Para todos ellos, sinceras gracias.
Sigamos resolviendo el Galimatías.