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miércoles, 2 de marzo de 2011

The Changingman


"Dios existe, y su nombres de Paul Weller". Tras semejante frase -título de un poblado grupo del universo Facebook- se deja entrever la adulación mitomana que buena parte de los hijos del punk, el movimiento mod y los amantes de la música británica en general profesan hacia "The Modfather", el rostro visible y perdurable de grupos míticos como The Jam o The Style Council. Pero empecemos por el principio.

Muchos de ustedes se acordarán de Quadrophenia, la mítica película de Frank Roddman con aquella pelea entre mods y rockers en la playa de Brighton o aquel ambiguo final con la scooter de Jimmy volando hacia las rocas del acantilado. Pues bien, lo que allí se cuenta no es más que una descripción del modus operandi de los jóvenes mods, con todo su universo de flequillos largos, trenkas y lambrettas tuneadas.

Este movimiento urbano, que vivió su esplendor en la década de los sesenta, surgió en la convulsa Londres de principios de la década, con apabullantes oleadas de inmigrantes coloniales -particularmente jamaicanos- haciendo llegar hasta la Pérfida Albión todo el arsenal de sonidos del ska, el reggae, el blues y el llamado MODern jazz, que acabó por dar nombre a la tribu. En torno a los clubs londinenses, miles de chicos de clase media-baja comenzaron entonces a adquirir los rasgos propios de cualquier comunidad: uniformidad estilística, afinidades culturales y un sentimiento de pertenencia basado, en parte, en el odio al enemigo, representado en este caso por los ya nombrados "rockers".

Sin intención de detenernos demasiado en explicaciones sobre la génesis y el declive del movimiento, sí nos vemos obligados recordar que fueron muchos los grupos que -bien en la primera oleada MOD o bien en la llamada New Wave de los setenta- se adscribieron a esta corriente. A saber: The Faces, The Circles, The Jam, The Actions y, cómo no, los Who, el grupo menos mod más amado por los mods. La llegada de los hippies en los setenta, en primera instancia, y el agotamiento creativo en los ochenta, acabaron por dinamitar el movimiento, derivando a sus miembros hacia otras tribuas urbanas.Pues bien. En el centro de todo este universo, cuando el auge originario ya era pasado y todo la iconografía mod parecía perdida, aparece un chico de Surrey que se planta en mitad de la escena para fundar The Jam, uno de los grupos míticos de la historia del rock y legar, a quienes los quieran, discos como In the City o All Mod Cons.


Todo se desencadenó en un concierto. Más concretamente en el que los Sex Pistols ofrecieron en Londres en 1976. Entre los asistentes, un jovencito Weller, que criado en las bases melódicas del R&b asistía estupefacto a la explosíón visceral que proponían Sid Vicious y sus secuaces. La epifanía había llegado, y aquel descubrimiento configuró para siempre la nueva imagen del movimiento, que abandonó la cadencia soul para abrazarse al sonido explosivo y guitarrero de A town called malice. El idilio, sin embargo, sólo duraría seis años. Después de incontables números uno, de temas como That´s Entertainment o Down in the tube station at midnight -una crítica feroz hacia el auge del nazismo en el Reino Unido-, el grupo se separa. Entre los motivos, la irrefrenable tendencia de Weller hacia la experimentación musical y su inestabilidad psicológica. O simplementa será que, como dijo The Modfather, "Si pretendes seguir escribiendo buenas canciones tienes que reorganizar tu entorno y tus circunstancias de vez en cuando". ¿La cuenta pendiente? El salto a unos EEUU que nunca abrieron las puertas a la New Wave Británica.


Y llegamos a The Style Council, sin lugar a dudas la experiencia musical de Weller menos admirada por quien suscribe. Cabe valorar el atrevimiento, la huida del estancamiento y todo aquello valorable que buscamos de forma desesperada cuando admiramos a alguien y descubrimos que algo que hace no nos gusta un carajo. Será por la androginia innecesaria que nuestro personaje adoptó, será por los horribles arreglos ochenteros ensuciando todos y cada uno de los temas, será por la comparación dañina con todo lo bueno que habían hecho los Jam, pero personalmente, por más que fuera necesaria y coherente con el personaje, me niego a prestar más atención de la necesaria a esta etapa. Si acaso, por la vinculación política de Weller con el anti-thatcherismo a través de la plataforma Red Wedge, que le llevó de gira con grupos como The Smiths o Madness. Musicalmente, sin embargo, tampoco les fue demasiado mal. Algún número 1 (Our favorite shop, con su mítica portada a modo de resumen de la iconografía mod) y alguna incursión en el Billboard americano. El rechazo de la discográfica Polydor a una propuesta de disco de la banda en 1989 provocó que la cosa se acabará. C´est fini. Volvamos a hacer cosas serias...


Desde entonces hasta ahora, discos míticos en solitario como Wildwood, 22 dreams o el demoledor Wake Up The Nation, con el single seudo funky I´m high a la cabeza. Incontables números uno y a su alrededor auténticas disputas por tener el privilegio de tener la oportunidad de tocar un tema con el dios de la New Wave. Noel Gallagher, Adele, Amy Winehouse, Duffy...Todos en busca de su porción del pastel. Y entre ellos, el gurú de la música británica diseñando polos para Fred Perry o coches para Mini. Se lo puede permitir. Todo forma parte de la ecléctica personalidad de alguien que alguien hizo suyo el aforismo mod puesto en boca del protagonista de Quadrophenia: " Yo no quiero ser como los demás, por eso soy un mod".


Él, además, consiguió ser Paul Weller.





martes, 22 de febrero de 2011



" Sería una tontería decir que la música me salvó o me curó, pero en mi rutina diaria (...) a lo que me agarré fue a la música. No en busca de la salvación -nadie puede hacer eso por ti- sino por el consuelo de su promeso, su chisporroteo de vida, su salvaje y maravilloso arco sináptico sobre el espíritu, la mente y la carne"
Not fade away, Jim Dodge



viernes, 21 de enero de 2011

It´s beatiful, it´s love.



Como todos lo hemos vivido, no hace falta explicarlo demasiado. Sujeto 1 conoce a sujeto 2, y toda una inesperada serie de reacciones químicas comienzan a ocurrir sin explicación aparente. Inhalación de feromonas, atracción irremediable a través de las traicioneras monoaminas, apego y estabilidad a través de la oxitonina o las endorfinas y, finalmente, una mezcla letal de melatonina y dopamina, o lo que viene a ser lo mismo, el ánimo por los suelos, la lástima interminable y el mundo hecho una mierda.

De esto, el tema más manido de la historia, es de lo que se propusieron hablar los mallorquines Sexy Sadie en It´s beatiful, it´s love (1998). Originalidad temática no, pero ¿atrevimiento? A raudales. Y es que cuando la banda se adentró en el estudio con el objetivo de crear catorce temas que desgranaran cada uno de los episodios cronológicos de eso que viene llamándose amor, la situación no era nada fácil.
Aunque desde su debut en 1994 con Draining your braing, el grupo era más que reconocido en la escena indie española -gracias a temas como In the water-, había llegado la hora de la confirmación. Y no era el mejor momento. Principalmente porque la banda había quedado mermada tras la baja de uno de sus componentes, y el tradicional cuarteto se había quedado en un trío que se enfrentaba al mayor reto de su carrera sin saber qué cojones iba a salir de aquello. Pero lo hicieron bien. Tanto, que acabaron por crear uno de los discos míticos de las escena independiente española.


Todo comienza con I´m the brain, un tratado guitarrero y con querencias rockeras a favor de la estabilidad mental que producen la independencia y la soledad bien entendida y bien llevada. Sin embargo, la felicidad nunca es completa, y las dichosas feromonas producen la aparición de un personaje inesperado que transforma ya para siempre las cosas. A brand new world significa la aceptación del desconcierto y la bobalicona dependencia de otro. Algo así como el salto a un precipicio en el que probablemente sólo te espere el vacío.


Pero eso importa poco cuando todo marcha bien (You know that´s the way i like it o Needle Chill), y todos los síntomas hablan de un subidón de romanticismo que desemboca en la cumbre que marcan Stay Behind Me o Days of love, muy probablemente el single más perdurable del disco: un arsenal de distorsiones alegres y melodías efectistas que desembocan en el estribillo cursílón que este tipo de canción necesita.

La calma necesaria en mitad de esta tempestad química viene marcada por Satellites, un tema para el que Sexy Sadie contó con la inestimable colaboración de Andrea Peraíta, antigua vocalista de Sunflowers y actualmente centro neurálgico de los no menos recomendables Sterlin. El tema anticipa todo un vaivén de satisfacción, tristeza y nostalgia por un pasado mejor: May, Join us, Sweet life y la melancólica My bike ("Don´t let me think you´re like someone else").

Y llegamos al final. No podía ser de otra forma. Sin embargo, ya que estamos, ¿por qué no marcharnos con una sonrisa? Para huir de patetismos, nada mejor que "agradecimientos" varios a quien ya es pasado y una pléyade de angélicales niños en los coros. Bye, bye. Hasta aquí hemos llegado, colega.


It´s love but...¿it´s beatiful? Se admiten opiniones...


domingo, 16 de enero de 2011

Rock español: poesía e imagen.


No parece casualidad. Situada en los márgenes de la historia de unas cuantas generaciones literarias y siempre a la búsqueda de temáticas "extracanónicas", es cuanto menos logico que sea precisamente la revista malagueña "Litoral" la encargada de editar uno de los compendios más eruditos y eclécticos acerca del nacimiento, la genésis y las características del rock en castellano.


La publicación, nacida hace más de ochenta años por iniciativa de Emilio Prados y Manuel Altolaguirre -dos de los escritores fundamentales, y más frecuentemente olvidados, de la generación del 27-, nos "regala" en este número monográfico más de 350 páginas dedicadas a la particular historia de los yeyé, los punks, los mods, los indies y toda esa fauna "patria" extrañamente congregada en torno a una etiqueta común. Y lo hace a través de una nómina de firmantes que merece mención aparte.


Vean. El roteño Felipe Bénitez Reyes a propósito de los "infaltables" Sabina y Miguel Ríos; Luis Alberto de Cuenca acerca de la cómplice relación que encuentran en su cabeza los riffs de guitarra y los versos libres; Antonio Luque (vulgo Sr. Chinarro) en plan nostálgico y si me apuran innecesariamente memorialístico; José Ignacio Lapido al quite de la eterna y desigual pelea con el folio en blanco, y sobresaliendo por encima de todos, un magistral Santiago Auserón, que firma todo un tratado acerca de la conflictiva relación entre el verso y la música. De fondo, todo lo acontecido entre Los Sírex y esa extraña y personalmente poco apreciada tendencia "western" que ha encumbrando, por ejemplo, a los sevillanos Pony Bravo. Una trayecto singular, sin duda.

Es ésta una historia que comienza con los conciertos matutinos en el madrileño Circo Price y que encuentra pronto muchísimas y afortunadas variantes. El rock progresivo catalán -Pau Riba y Sisa-; el rock andaluz; las crónicas de extrarradio de Burning y Leño -versión mesetaria- o La Banda Trapera del Río -en las lindes entre Cornellá y Barcelona-; el rock radical vasco, el histrionismo ochentero de Glutamato Ye-Ye y Mcnamara, todo el arco indie desde Australian Blonde a Vetusta Morla o el canalleo punkarra de Lendakaris Muertos o Def Kon Dos.

Por si esto les pareciera poco, hay tiempo también para detenerse en el nacimiento del insondable Omega o entablar interesantes debates entre los partidarios de la supremacía del inglés (con sus afortunados monosílabos) o los defensores del castellano (con todo su arsenal de palabras llanas). Y para rematar, un respaso a la utilización de la imagen en el rock estatal -con fotografías de Ouka Leele o esbozos del mismísimo Picasso- y una amplísima colección de letras que oscilan entre el "me he clavado un imperdible" de Leño y la edulcorada melancolía de Deluxe.
Cuarenta años de literatura y melodías al servicio de esos hijos del rock´n roll que serán por siempre bienvenidos.


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jueves, 6 de enero de 2011

This is Rocksteady!



Hijo del ska, precursor del reggae, el origen del rocksteady (¿posible pareado?) está revestido de leyenda. Cuentan las crónicas que el verano de 1966 se presentó en Jamaica envuelto en una ola de calor inaguantable, lo que afectó considerablemente a la modorra general y al rendimiento de los músicos que poblaban los escenarios de Kingston. Algunos de ellos, habituados al ritmo frenético del ska, no pudieron adaptarse a las circunstancias y ralentizaron sus canciones de cara a las actuaciones en directo. Ante su sorpresa, el éxito fue inmediato, y la lentitud que imprimían a sus temas dio lugar a una especie de sonido "soul" tamizado por la musicalidad jamaicana. Era el rocksteady.

Pronto, el nuevo estilo fue adquiriendo sus peculiaridades. A saber: grupos de tres o cuatro solistas de voces melodiosas, protagonismo del bajo eléctrico, golpes en el tercer tiempo de cada compás ("one drop") y ritmos lentos y constantes. Dadas las circunstancias -Jamaica había conseguido su independencia en 1962-, la temática de sus letras lo diferenció ostensiblemente de su precursor. Hecha la revolución, conseguido el objetivo, la política dejó de ser prioritaria, y la exaltación patriótica y/o racial dio paso a temas más "mundanos": la inquietud sentimental de los chicos jamaicanos o la problemática de una nueva generación de jóvenes (los rude boys) inadaptados a la nueva realidad que les ofrecía el país. Ellos, un auténtico lugar común de la música jamaicana y de las tribus urbanas derivadas de ellas, se caracterizaban por su afición a atracar comercios y turistas y fumar "ganja"

Fue en este contexto en el que se auparon al estrellato nombres como los Jamaicans, The Silvertones y, sobre todo, Alton Ellis, uno de esos tipos -como Weller y tantos otros- capaces de resumir en sí mismos la estética y el simbolismo de todo un movimiento musical. Tal fue la identificación, que al declive del género -aniquilado por el empuje de la cultura rastafari- estuvo unido el del cantante, que dedicó los últimos treinta años de su vida a la gestión de la tienda de discos que regentaba en Londres. Injusto final para uno de los grandes "frontmen" jamaicanos.

Como, mal que le pese a Teddy Bautista -jefe, no jodamos-, la comparación entre la industria discográfica española y la foránea no ha, afortunadamente, lugar, Trojan Records ha recopilado en tres CD´s lo más granado del género debidamente remasterizado, reeditado y recontextualizado. Y todo por 16$ -lo que viene costando en España lo último de Dani Martín- o un rato de búsqueda en la red no demasiado esforzado.


lunes, 4 de octubre de 2010

Tiempo de leyenda: Génesis del mito.


Dicen que la genialidad es pariente de la tristeza. Que sólo a través de ésta, de la desolación y
el desconsuelo, el hombre puede crear la belleza. Para desmentir este dogma -y otros tantos-, en 1979 se reunió una pléyade genial de hombres alegres, embriagados por el espíritu de la jarana y la alegría excitante de la juerga. El resultado, además de una experiencia vital irrepetible, fue uno de los discos cumbre del flamenco, y muy probablemente de la música contemporánea española: La Leyenda del Tiempo.

Aquellos hombres (Camarón, Tomatito, Rubem Dantas, Jorge Pardo, los hermanos Amador, Diego Carrasco, Kiko Veneno, etc) rubricaron su firma en la declaración de guerra definitiva a la ortodoxia flamenca. Adentrándose en el camino que otros ya habían iniciado, se decidieron a vestir con nuevos sones al arte ancestral de la zarza y la lumbre, al viejo cante de las gargantas oscuras y resecas. Aunque se deba reconocer el primer paso a los precursores del rock andaluz -con Smash a la cabeza- fueron ellos quienes, desde dentro, se arriesgaron a golpearse definitivamente contra la pared.

De todo ello, y de las vivencias personales de quienes participaron en el proyecto, habla Tiempo de Leyenda, un documental de José Sánchez Montes construido a modo de pequeñas entrevistas y sazonado con grabaciones inéditas que justifican aun más si cabe su visionado.

Proyectado en la última edición de Alcances, el último trabajo del cineasta granadino nos traslada a la génesis del mito, a un tiempo de leyenda, a un momento irrepetible en el que entre palmas y compases surgió la genialidad para desmentir a los dogmáticos y empapar a los tangos, las bamberas o los jaleos de un aura nueva. Qué viva la alegría.

+ INFO:

VER DOCUMENTAL


http://granadablogs.com/josesanchezmontes