martes, 27 de abril de 2010

Entre Cádiz y Jerez, viviendo del cuento.




Más allá de rivalidades políticas, de enfrentamientos futbolísticos, de dirigentes advenedizos y de la mala baba de los eternamente apegados al terruño, entre Cádiz y Jerez existe una atracción comparable a la de los vecinos que se cruzan en el ascensor sin mediar palabra, pero que al mismo tiempo suponen una figura imprescindible en el universo de aquel que vive junto a su puerta.


Cádiz y Jerez son, de hecho, como aquellos familiares que se cruzan en las ocasiones especiales y se miran con recelo hasta el momento en que una copa de champán, un comentario gracioso o una anécdota común les convence de que aquel que tienen enfrente es algo suyo, y entonces la fiesta ya no puede parar. Más allá de estupideces, entre un lado y el otro existen vínculos innegables, conexiones familiares, sentimentales, laborales y de toda índole, mal que le pese a quienes ponen puertas al campo o diques a la mar.

Cursiva
De todo ello entiende, y mucho, el conglomerado artístico-amistoso que es Vivo del Cuento, una compañía itinerante, ambulante, personal y flamenca, que bebe del fino jerezano y de la bajamar de Cádiz con resultados inmejorables. De allá, de la tierra del amontillado y la campiña, les viene la oratoria gitana de Alberto y las artes musicales de Elena y Mariano. De acá, del lado azul y salado de la provincia, el compás percusivo del fenicio, de un Javi Prieto que forma parte de la desgraciada nómina de flamencos gaditanos que han de batirse el cobre lejos de la que es -a ver si enteran algunos- una de las patas indiscutibles del flamenco.

Semejante mezcla no podía salir mal, y quien suscribe da fe que no lo ha hecho. Tomando historias de la tradición gitana, adaptándolas a un ritmo guasón y casi chirigotero, derrochando sonrisas y alimentando un feed-back con el público de los que acaban en invitación en barra y palmas al compás, Vivo del Cuento anda derrochando arte por tierras catalanas, valencianas, gaditanas y otros lares, dejando alto el pabellón y clavando en la memoria de quienes los
escuchan la marca indeleble de sus catavinos cruzados.

Ahora que la cosa anda chunga, salud. Y como siempre, reconocimiento y gratitud con soniquete de alegrías a una pandilla de amigos que viven por y para el flamenco.



!Gloria!

http://vdcuento.blogspot.com/

jueves, 22 de abril de 2010

Asediando votos: Pérez Reverte y otras historietas


Resulta que, sin comerlo ni beberlo, nos hemos colado casi en el ecuador del 2010. Esto nos sitúa, como gaditanos, en una situación comprometida, toda vez que ese Edén de parabienes, ese Maná del desarrollo, esa bicoca llamada 2012 se acerca peligrosamente, y nosotros, empecinados en seguir con nuestra triste tradición, vivimos con el culo al aire y con poquísimas perspectivas de celebrar un Bicentenario a la altura de lo que se conmemora.

¿La culpa?De todos y de ninguno. De todos, políticos, por su ineptitud, su egoísmo y su falta de miras; de todos, ciudadanos, por consentir a éstos el engaño y la dejadez ; de ninguno, porque resultaría injusto personificar en alguien lo que no es más que la confirmación de que ésta es una ciudad que trabaja al ralentí, que vive permanentemente instalada en el quiero y no puedo. Y así nos va, claro.

El caso es que en mitad de este paripé, el último asalto entre los dos partidos mayoritarios viene a cuento de la posible contratación -ahora parece que frustrada- de Pérez-Reverte como comisario de una magna exposición -ejem, ejem- sobre el Cádiz constitucional, cuya organización correría a cargo del Ayuntamiento. El problema, cómo no, tiene que ver con el dinero, con los 150.000 euros que el Consistorio gaditano está dispuesto a pagar, así, a tocateja, al escritor cartagenero. Pero vayamos por partes.

¿Qué ofrece Pérez- Reverte? Repercusión mediática (imprescindible) y resultados (innegables, viendo la trayectoria del escritor). Pero ¿merece la pena a este precio? Pues sinceramente no. Según los párametros que maneja la ICOM (Consejo Internacional de Museos) y otros organismos de gestión cultural, para un profesional de la materia, 30.000 euros es un sueldo más que bien pagado. Esclarecedoras resultan en este sentido las declaraciones al diario Público de Yolanda Romero, directora de la Asociación de Directores de Museos, que rebaja la cifra a 18.000 euros en el caso español y marca el límite de los 80.000 euros como umbral máximo en el caso de "una gran bienal internacional de arte". Algo, sobra decirlo, muy diferente a lo que se quiere organizar en Cádiz...

De acuerdo entonces en la obscenidad que significa ofrecer esa cantidad por comisariar la exposición, hagámonos la siguiente pregunta: ¿qué alternativa ofrece la otra cara de la moneda política? Pues lo de siempre. El nombramiento de otro de los omnipresentes del Cádiz cultural y académico, alguien que viene acaparando desde hace lustros todos los encargos de este tipo, sin que ello signifique que desde aquí se infravalore su valía. Pero ahora bien, si verdaderamente queremos darle un impulso serio al 2012, ¿no hay vías intermedias entre el derroche populista e injustificado y la continuidad con los mismos de siempre? ¿No sería mejor, contando con la ayuda de todos, dar el timón de la efemérides a profesionales en la materia de nivel reconocido? ¿No sería eso conjugar la proyección mundial del 12 con una inversión económica lógica?

Pues seguramente sí, pero sin estas movidas, sin estos tira y afloja de patio de colegio, los columnistas se aburrirían, se acabaría la política local de venas en el cuello y a más de uno, y de dos, se les acabaría el negocio. Y eso, claro, no puede pasar.

Así que nada, preparénse para el ridículo y compren palomitas para disfrutar a gusto de la pantomima que entre unos y otros tienen montada aquí, y cuando llegue el 12, comprueben los resultados.

Habrá merecido la pena. Seguro....

miércoles, 21 de abril de 2010

Homeless Noise o "Éste no es otro estúpido grupo gaditano"


Hace un tiempo, algunos productores musicales de la calaña del infumable Alejo Estivel se inventaron una etiqueta, una especie de subgénero de radiofórmula que comenzó a llamarse, para fervor de algunos y espanto de otros, "sonido Cádiz". Así, sin anestesia. La fórmula era bien sencilla: rapiñear un par de voces agudas de alguna comparsa de carnaval, escribirle alguna letra sobre "sus novias morenas", "las calles de su Cai" y cosas así y darle al asunto un sonido de flamenco sordomudo, de verguenza con quejíos y guitarreos varios.


Y claro, como suele suceder cuando la industria dispone, la cosa se fue de madre. Legiones de fans entusiastas llenaban los conciertos, los otrora aspirantes a figuras del Falla se convirtieron en ídolos juveniles, y la caja registradora, kling kling, no paraba de sonar. Al amparo de este éxito, los hijos del "sonido Cádiz" se reprodujeron como moscas, y la ciudad quedó para siempre estigmatizada por una lógica asociación mental que unía "músico gaditano" con flamenquito del chungo. Normal.

Sin embargo, las cosas no son exactamente así. Solapado, confinado a escenarios como Supersonic o sala W, alimentándose de iniciativas como Mirador Pop y retumbando en La Báskula, un sonido diferente pero igualmente gaditano reclama su espacio, alejándose de estereotipos y apostando por una música de calidad.

Hoy nos ocupamos de Homeless -una de las bandas indies más interesantes de la provincia-, pero podríamos hacerlo, indistintamente, de Kool, de The Capris, de Los Lantánidos o de los Commonplaces, nombres todos ellos merecidamente reseñables y ejemplo de esta no siempre apreciada alternativa musical.


Homeless bebe de influencias británicas, apuesta por el sonido contundente, por las letras pegadizas y acertadas y se inscribe en la línea de nombres míticos del indie español. Reconocidos por autoridades como Julián Ruiz (Radio 3) y habituales en los escenarios de la provincia, su apuesta merece una escucha atenta, por simple disfrute y por gratitud a quienes escapan de lo de siempre y demuestran que Cádiz es, afortunadamente, mucho más que un sólo sonido.









lunes, 19 de abril de 2010

!Nominados!

http://www.tertuliaandaluza.com/sociedad/internet/nominados-top-5-blogs-de-andalucia/

Desde la insurgencia: fabrikando "la otra" cultura gaditana







Cádiz es una ciudad anestesiada. Sin perspectivas de futuro, sin debate político, sufriendo el éxodo masivo de sus jóvenes y resignándose a que su única actividad sea procurar una suerte de "descanso del guerrero" a los foráneos que en verano copan sus viviendas, la ciudad vive en una cómoda indolencia, asumiendo que el futuro, muy probablemente, no será mucho mejor. Es Cádiz una ciudad donde la preocupación generalizada es el mantenimiento de lo que Enrique Alcina (http://ealcina.blogspot.com) llamó el "triángulo mágico del chauvinismo gaditano" - ya saben, Carnaval, Semana Santa y Cádiz CF-. Es Cadiz, al fin, un terreno yermo, sin perspectivas ni futuro, un terreno abonado por el inmovilismo, la resignación y un permanente estado de crisis, como si anduviese atrapado en un doloroso bucle ante el que nadie parece dispuesto a reaccionar.

En tal estado de cosas, la cultura -o "lo cultural", como prefieran-, parece aquejado de los mismos males. Aunque cuenta con cierto nivel de actividad, la vida cultural de la ciudad gaditana se resume a un número limitado de lugares comunes en los que coinciden, como en un interminable día de la marmota, las mismas "personalidades", los mismos rostros. Son aquellos que al tiempo que ostentan cargos en la Universidad, son asiduos a Ateneos, mítines políticos, columnas de opinión y demás "lugares de interés". Son los mismos que mientras escriben letras de Carnaval, preparan la capa y el capirote para la Semana Santa; son diez o quince nombres, no más, que dirigen con mano férrea un mundillo cerrado, impermeable, tan repetitivo y carente de vida como podría esperarse en el caso de una ciudad que se ha convertido en un simple refugio de pensionistas y funcionarios. Son ellos los que mandan, y los demás, quienes les piden limosnas.

Sucede, sin embargo, que no todo el mundo se pliega a la dictadura de la "subvención" y el "habla bien de nosotros", y que existen quienes, ajenos a "croqueteos" y reuniones de chaqué, construyen espacios de pensamiento, de expresión libre y de reunión, sin más propósito ni objetivo que el de difundir cultura y fomentar un diálogo de mesas de bar, la expresión libre sin convenciones ni cargos. Es el caso de "La Fábrika", el primer centro cultural autogestionado de la ciudad, un espacio emblemático que ha superado, y supera, dificultades económicas y políticas, toda vez que quienes rechistan nunca son aceptados por los dueños de la opinión y la palabra.

Castigados con alquileres abusivos, importunados por visitas policiales injustificadas y buscando recursos hasta debajo de las piedras, el grupo de trabajo de La Fábrika continúa con su labor, un encomiable trabajo que oferta a los gaditanos talleres, exposiciones, música en directo, cineforums, conferencias, mesas redondas, actuaciones carnavalescas y un sinfín de actividades que dan luz a esta oscuridad desde un rinconcito de la Cruz Verde. Y todo ello, véase la paradoja, sin ningún ánimo de lucro. Aprenden enchaquetados y excelentísimos varios...

Es a ellos, y a otros tantos ciudadanos anónimos, a quienes se les debe gratitud por ofrecer una salida, un salvoconducto más allá de la lucha política entre administraciones, del asifixiante círculo de los petimetres oficialistas. Son ellos quienes, al fin, trabajan, sin portadas ni primeras planas, por ese Cádiz vivo, crítico y despierto que tantos han intentado soterrar.

Bendita insurgencia.


http://www.redasociativa.org/lfbrk/

viernes, 9 de abril de 2010

Nota breve sobre la letra terapeútica.


Leo hoy, con interés y en mitad de un momento personal digamos que complejo, las cartas que Julio Cortázar, enorme cronopio de inigualable genio, y Félix Grande, flamencólogo, escritor y crítico, se cruzaron a lo largo de años de amistad, de encuentros, desencuentros y de momentos de ésos que merece la pena pasar al archivo de la vista atrás, allí donde asomarse de vez en cuando para darte cuenta que todo esto merece mucho la pena.

Las cartas, deliciosas, sensibles e interesantes, dejan la imagen del Cortázar de siempre: con su trabajo febril, su mente prodigiosa y su verbo seguro y exacto; pero también transmiten el retrato de una relación de amistad entre iguales, de dos enamorados de las letras que se unieron y desunieron manteniendo siempre un lazo invisible: el de un cariño sincero, aunque a veces éste se viera tensado por la política y otras cosas secundarias.

Lo más interesante es, sin embargo, la necesidad de reconciliación con el mundo que esas cartas (me) dejan. Y eso es lo curioso, y eso es lo de siempre: el inexplicable poder que posee la palabra desnuda, sincera, sin intereses monetarios, sin otra motivación que la de la verdad. Y es indiferente que esas palabras no te pertenezcan, porque al final te pertenecen; y da igual que no los conozcas, porque al final los conoces.

Hoy, nueve de abril, leo a Cortázar, lo imagino escribiendo en su escritorio y recreo a Grande rasgando un sobre, y de repente las penas parecen menos, y los motivos para reconciliarme con todos y primero conmigo mismo parecen muchos más.

Bendita literatura.

jueves, 21 de enero de 2010

Los Mods: Radiografía de una literatura musical.







Verano del 65. La playa de Brighton, habitual refugio veraniego de miles de londinenses que huyen despavoridos del cemento y la bruma, amanece revuelta por una algarabía particular, por una agitación palpable en el boulevard que miles de jóvenes uniformados arañan con el zumbido de sus Lambrettas.

Son los mods. De apariencia casi andrógina, recargados por un afán de elegancia que resulta excesivo, forman parte de uno de los movimientos urbanos más trascendentes de la década. Gracias a su influencia, grupos inicialmente minoritarios, como The Jam, The Kinks o The Who –emblema indiscutible del movimiento- alcanzan una popularidad notable; otros, posteriores o coetáneos, como The Beatles o algunos de los integrantes del Britpop, beben de su estética y su música de forma más o menos explícita. En algunos casos, como el del afamado cuarteto de Liverpool, esta influencia aparece solapada, disimulada por la inconveniencia de ser relacionados con una “tribu” capaz de protagonizar disturbios del calibre de los retratados por Franc Roddman en su película Quadrophenia, auténtico hito de la cultura modern.

En efecto, un halo de violencia acompaña como una sombra a la concepción social del movimiento. Éste, estigmatizado por su radicalidad, por su vacuidad y por su capacidad de congregar a masas de jóvenes descontentas en fiestas y acciones multitudinarias, se encuentra, en este verano del 65, en su punto más álgido. Son millares los jóvenes ataviados con parkas, a lomos de Vespas u otras scooters, que atraviesan las calles londinenses de camino al Soho, centro neurálgico y útero del embrionario movimiento de los partidarios del modern-jazz. Estos fanáticos musicales, antagónicos a los seguidores del trad, darán comienzo y forma definitiva a la cultura hedonista y aparentemente superficial que proclama, con la voz orgullosa de la homogeneidad, su grito de guerra: We are Mods!, We are Mods!

Pero ¿cuál es el perfil de un mod? Generalmente responde al de un joven de mediana estratificación social, con suficientes ingresos para mantener su “modus vivendi” pero residente en alguna zona periférica.

Su cualifación profesional no es alta; su dinero se destina, en exclusividad, a la compra de sustancias alucinógenas, al incremento de su fondo de armario o al minucioso cuidado de sus motos, opuestas hasta el extremo a las “chopped” que montan los rockers, sus más encarnizados enemigos. Este mundo aparentemente vacío, sin un discurso ideológico que merezca ser considerado, mantiene, sin embargo, estrechos lazos con algunos de los movimientos artísticos más trascendentes del pasado siglo, como el existencialismo francés de Jean Paul Sartre o Albert Camus u otros de menor peso como la llamada Generación X de Bret Easton Ellis (Menos que cero) o Douglas Coupland.

Las relaciones son evidentes. El estrábico filósofo francés proclama una libertad sin condicionantes, anuncia la irrenunciable naturaleza de ser libre que caracteriza al hombre, exculpa a éste, se ampara en el determinismo y afirma que “Esta libertad la busqué muy lejos: pero estaba tan cerca que no la podía ver; no puedo tocarla. No era otra cosa que yo mismo. Yo soy mi libertad”.

Todo una declaración de intenciones que concuerda con el espíritu trasgresor de los mods, que se abandonan a sus impulsos –estéticos, violentos o de cualquier naturaleza- sin atenerse a principios sociales o éticos, sin aceptar paternalismos ni otro condicionante que no sea su propia y férrea voluntad, No resulta extraño, por tanto, que al amparo de este principio deformado, bajo la bandera de la libertad suprema, los jóvenes “modernos” intenten aspirar cada sorbo de su plenitud vital, empujados por la exaltación de su propio yo y por cierta angustia vital repleta de miedo a la vejez, a la finitud. Como anuncian los acordes de “My Generation”, “Yeah, I hope I die before I get old”.

Toda esta individualidad que citamos, tan característica del movimiento, se atenúa tan sólo con la aparición en escena de un elemento disuasorio, de una fuerza tal que hace dudar de la autonomía del propio yo, que pasará a ser ahora una mitad en busca de su complemento. Este elemento es el amor. Como si de una reformulación del amor cortés provenzal se tratara, los mods rinden pleitesía a su amada, hasta el punto de afirmar:

On you, I see the glory
From you, I get opinion
From you, I get the story

El armazón ideológico queda disuelto, la exaltación del yo es mera apariencia. Detrás de su apariencia infame, despreocupada, los jóvenes mods ocultan una personalidad compleja, una concepción vital existencialista, una formación plena que bebe de diversas corrientes literarias y/o artísticas.

Todo este abánico de complejidades no permanecerá ajeno a la creación literaria, que se hará eco, en la medida de lo posible, de las inquietudes y la psique de una de las corrientes urbanas fundamentales en la Inglaterra de los 60. Condicionados por las leyes de la literatura canónica, son pocos quienes se atreven a dar el paso de recrear esta amalgama de violencia y sensibilidad, de despreocupación y de hondura psicológica, pero los escasos ejemplos son de considerable valía. Así, citaremos como testimonio fundamental un relato de Tom Wolfe –mentor de la generación X antes nombrada- titulado “Undeground de mediodía”, que recoge desde su propio título la ambigüedad de esta ola de jóvenes uniformados que se debaten diariamente entre la sumisión a la vida pública y su conversión casi heroica a la libertad tras enfundarse en sus parcas.

Todo un universo, al fin, de complejidad y ambagues, una extraña y sutil conexión entre la literatura y la música, una alianza entre el son y la palabra embozada de movimiento juvenil, de moda estúpida y caprichosa, pero dotada de una trascendencia que nos hace plantearnos, una vez más, si cualquier tiempo pasado no fue efectivamente mejor.

miércoles, 20 de enero de 2010

Literatura y exilio: un camino de ida y vuelta



El exilio conlleva consigo un poso de permanencia. Quien se fue, de alguna forma, lo hizo quedándose para siempre. De ese huir sin marcharse, de la mirada gris y de soslayo cuando el barco parte, el barro de las fronteras mancha los pies o las nubes anuncian un cielo distinto, están plagadas con huella indeleble las páginas de la literatura. Desde el embrión homérico, esa medusa de mil brazos que es nuestra herencia cultural nos habla de zarzas y caminos, de andares hacia delante no siempre voluntarios que trascienden la historia desde el buen vasallo del Mio Cid hasta el Machado envejecido y moribundo luchando por alcanzar Colliure.

Parafraseando al poeta, si es cierto que se hace camino al andar, la movilidad del escritor ha favorecido como ningún otro factor el nacimiento de una literatura trascendental entendible por el hombre más allá de limitaciones de espacio. Esto es así porque pareciera que quien vio en sus ojos otras tierras, parece capaz de imaginar ya todas las tierras del mundo. Afortunadamente, no todas estas idas y venidas llevan tras sí la sombra amenazadora de un dictador latino con gafas tintadas o un inquisidor español de túnica solemne, sino más bien la voluntad constante de frecuentar a quienes merecen la pena ser frecuentados o de visitar los sitios que al son de las modas todos han de visitar necesariamente.

Desde España, el destino primoridial se ha situado más allá de Los Alpes, y el suave rimar de la lengua toscana ha sido el poso donde asentar la primitiva lengua castellana. En este boomerang infinito, insignes italianos como Benedetto Croce pasaron largas temporadas en Madrid empapándose de una literatura que debe más a los vates de sus cortes ducales que a las yermas tierras de Castilla. Esto es así desde que el Marqués de Santillana jurará devoción al soneto y a la herencia de los próceres Dante, Petrarca y Bocaccio a raíz de su estancia en la Nápoles aragonesa de rey Alfonso V. Fue él el primero en “rimar al itálico modo” y antecesor no siempre reconocido de Juan Boscán y Garcilaso. El Marqués, por tanto, hizo más por su literatura desde Italia -o al menos a partir de Italia- de lo que jamás habría soñado de no haberse atrevido a cruzar las lindes de su patria más inmediata. De esta capacidad del escritor para innovar, mejorar o transgredir su literatura de origen desde la lejanía, nos hablan biografías de autores que se alimentaron afuera de aquello de lo que carecían adentro, erigiéndose en la mayoría de los casos como emblemas, como símbolos de la literatura de un país que de pronto se les quedó pequeño.

En el caso sudamericano, al contrario del español, las miras no se dirigieron jamás a la Italia monumental, sino al París luminoso y vivo que terminó por erigirse como epicentro de la cultura mundial coincidiendo con la independencia de las colonias. Todos, o casi todos, pasaron temporadas más o menos cortas a la vera del Sena, conformando una lista que va desde Darío a Cortázar, pasando por Carpentier, Huidobro o Vallejo.

El nicaraguense es, quizá, el ejemplo más paradigmático de alma inquieta y autoexiliada que acabará por edificar sus cimientos literarios lejos de casa. Para Darío, quien con apenas quince años frecuentaba ya las redacciones de los más importantes periódicos de su país -como El Ferrocaril- la marcha era un requisito indispensable para seguir creciendo. La capital francesa -y más tarde España- fueron los destino elegidos, dando satisfacción así a un deseo casi infantil:

”Yo soñaba con París desde niño, a punto de que cuando hacía mis oraciones rogaba a Dios que no me dejase morir sin conocer París. París era para mí como un paraíso en donde se respirase la esencia de la felicidad sobre la tierra. Era la Ciudad del Arte, de la Belleza y de la Gloria; y, sobre todo, era la capital del Amor, el reino del Ensueño. E iba yo a conocer París, a realizar la mayor ansia de mi vida. Y cuando en la estación de Saint Lazare, pisé tierra parisiense, creí hallar suelo sagrado. Me hospedé en un hotel español, que por cierto ya no existe. Se hallaba situado cerca de la Bolsa, y se llamaba pomposamente Grand Hotel de la Bourse et des Ambassadeurs… Yo deposité en la caja, desde mi llegada, unos cuantos largos y prometedores rollos de brillantes y áureas águilas americanas de a veinte dólares. Desde el día siguiente tenía carruaje a todas horas en la puerta, y comencé mi conquista de París…”

A fe de la historia que lo consiguió, hasta el punto de provocar la expansión del modernismo francés hacia tierras españolas y convertirse en el escritor más afamado de su país.


Hemos nombrado antes a Cortázar, y parece necesario detenerse en él. Al bueno de Julio el mundo le apareció ya movido, y teniendo que haber nacido en Sudamérica, el exilio forzado de su diplomático padre en Bruselas le dotó de una nacionalidad belga que prontó cambió por su filiación francesa. Cortázar creció en Buenos Aires, pero al albor de la dictadura de Perón se fue para siempre de la Argentina ennoviándose sin remedio de un París que hoy, como un viudo amargo, conserva sus cenizas en Montparnasse. Entre esos dos lados, “el de acá y el de allá”, anduvo el Cronopio como un adolescente indeciso entre las faldas de mamá y los peligros de la calle. Buenos Aires era la referencia, el lugar al que dirigir la mirada; París la atalaya lejana y objetiva. Esta misma idea la plasma Andrés Amorós en su introducción a Rayuela:

”En 1951, Cortázar va a París, con una beca del gobierno francés. Allí se queda. Desde el año siguiente trabaja como traductor de la UNESCO. Vive en su carne, ahora, la realidad del ser escindido entre los dos lados: París y Buenos Aires. Vivir en Europa puede significar el peligro del desarraigo, pero también la posibilidad de entender mejor la realidad hispanoamericana: sin provincianismos, sin árboles que tapen el bosque”.

Al fin, el Cortázar autoexiliado, impermeable al furor del peronismo, vino a engrosar la interesante lista de mitos argentinos. En París se encontró a sí mismo, trabajó a destajo, conformó una ilusión literaria con forma de ciudad, aroma de cafe y una arbitrariedad no tan arbitraria. Pobló la imaginación de todos rellenándola de cronopios inocentes y famas astutas; dio vida a la Maga, y con un sólo tirar de piedra -desde la tierra al cielo- completó una obra vasta y monumental que es orgullo hoy de porteños y pamperos. ¿Qué habría sido de él de no haber emprendido el camino?

Otros tantos anduvieron senda iguales o diversas, como la emprendida por Pablo Neruda hacia la España convulsa previa a la Guerra Civil. Él, entre otros tantos, abrió la puerta a la expresión subversiva con su “Caballo Verde para la poesía”, favoreció la huida de las palabras cuando las armas las acallaron y dio alojo y posada a muchos que hicieron el trayecto a la inversa. Este exilio, provocado ahora sí por el tronar de cañones y la majadera imposición del pensamiento único, enlazó como cadenas los destinos de hispanos de aquí e hispanos de allá, que quizá comprendieron que la única patria verdadera es la palabra.

No siempre este camino conlleva el deseo de volver. El propio Cernuda, hastiado del desprecio de sus compañeros y resignado al fin ante el franquismo, escribió con verso virulento la verguenza postrera que le producía ser español. ¿Impotencia o rechazo? ¿Qué puede llevar a alguien a renunciar a su origen? Sea cual sea la respuesta, cabe tal vez rescatar el testimonio de alguien que también anduvo el camino de ida sin emprender la vuelta. Cristina Peri Rossi, uruguaya asociada a la izquierda radical, abandonó su patria para establecer su vida en Barcelona. Consultada acerca de la posibilidad de volver a la vera del Río de la Plata, la escritora resolvió tajante la cuestión, afirmando que dos, ya eran demasiadas nostalgias.


También en: http://www.librosylibretas.com/literatura-y-exilio-un-camino-de-ida-y-vuelta/

lunes, 18 de enero de 2010

Adele y Jack White: construyendo sensaciones.



Adele Adkins (Londres, 1988), es la nueva musa de Inglaterra. Formada en centros como el Brit School, por el que pasaron ilustres de la talla de Kate Nash o Leona Lewis, parece estar acostumbrándose a vivir en las alturas. Modesta, tímida y con aire contemplativo, pasa sus días encerrada en un estudio con Jack White, el carismático líder de The Raconteurs y The White Stripes. Ambos preparan un cóctel explosivo. …


La voz de Adele suena a verdín y a otoño. A refugio merecido frente una chimenea tras un día de bruma y frío. Rotunda y sensible, modula cada matiz con la entrega de quien, cantando para sí mismo, nos canta a todos. Productora de susurros armónicos y agudos perfectos, la esperanza blanca del Soul no para de buscar espacios donde crecer, lugares en los que dar salida a su inabarcable talento.


Nacida en el emblemático barrio londinense de Tottenham, fue precisamente la intimista alabanza de las calles que la vieron crecer su escalera hacia el éxito. Hometown Glory, un himno al escenario vital, al anónimo con el que compartir pedazos de vida, la aupó a un éxito que aún sigue disfrutando. Tras su salto fulgurante desde el altavoz de Myspace al escaparate de la industria gracias al empuje de miles de entregados fans, esta joven de 21 años puede llevar a gala logros como sus dos premios Grammy (Mejor Artista Nuevo y Mejor interpretación joven femenina), el premio de la crítica en los Brits Awards de 2008 o el enorme privilegio de haber compartido escenario con Paul McCartney o el gran Paul Weller, alguien particularmente selectivo en la elección de partenairs. En la nómina, sólo lo mejor de lo mejor: Noel Gallagher o Amy Winehouse.


Es por ello que Adele, con semejantes credenciales y de cara a la continuación de su álbum 19, no ha tenido reparos en pedir colaboración a White, considerado como uno de los 100 mejores guitarristas de la historia y a su vez discípulo privilegiado de Keith Richards. Esta suma de talentos aparentemente opuestos – garage y soul, discreción y eclecticismo, - promete un resultado único, personal, como sólo cabe esperar en el caso de los genios.


Con los ecos optimistas de Chaising Pavements resonando aún en nuestros oídos, Adele vuelve a la carga con fuerzas renovadas y la intención de ampliar horizontes. Para ello, nadie mejor que el frontmen de Michigan, quien podría ser, además, el productor del nuevo disco de los Rolling. Hecha la unión, sólo cabe esperar un fruto que, seguro, no dejará indiferente a nadie.





martes, 13 de octubre de 2009

La galería: Mel





A Mel lo conocimos a través de las páginas de Diario de Cádiz. Mucho antes de que sus viñetas dieran el salto a El Jueves, los gaditanos ya nos deleitábamos con las irónicas, paródicas y críticas tiras de este genial dibujante. Perteneciente a esa extraña raza de sociólogos que tenemos en Cádiz, Mel practica la sátira con mucho de sentido común, con una ironía fina y con un conocimiento exhaustivo de aquello que nos diferencia y asimismo nos define.




Más allá de lo humorístico, la mejor cualidad de Mel es sin duda la coherencia, ese admirable cualidad que hace a sus poseedores revolverse ante la injusticia, aun en el caso de que la mano amenazante sea la misma "que les da de comer". Así ocurrió a propósito de la ERE encubierta que en su día realizara Diario de Cádiz (http://www.diariobahiadecadiz.com/detalle-noticia-1133), cuando en pos de esa coherencia, Mel tuvo que dibujar a sus cínicos empresarios con corbata como unos personajes tristemente cercanos.


Que perduren por siempre tanto esa coherencia como la calidad de un dibujante que nos hace reír con sus agudos mordiscos de realidad.

+: http://elchistedemel.blogspot.com/

http://www.bibliopolis.org/morlock/morlarchi.htm


http://www.guiadelcomic.com/autores/mel/index.htm